El debate en torno a jóvenes y consumo de alcohol
El botellón. Existe actualmente una gran preocupación en torno a las consecuencias que el consumo de alcohol entre la juventud puede acarrear. Esta alerta social ha sido provocada, en parte, por los datos que indican que la edad media de iniciación al consumo en España es de 13 años -una de las más bajas de la Unión Europea- y que un 76% de la juventud española de entre 14 y 18 puede calificarse como bebedora asidua. En este contexto, surge el interés por el fenómeno del botellón, una modalidad de ocio de fin de semana que consiste en reuniones nocturnas en las que la población juvenil (586.000 jóvenes que por su escasa edad y/o falta de capacidad adquisitiva tienen dificultades de acceso a establecimientos) se relaciona, escucha música y consume alcohol en la calle.
Recomendaciones de los organismos internacionales. Como respuesta a esta situación, la OMS y el Consejo de la Unión Europea han presentado sendos documentos que comparten una misma visión del problema y coinciden en varios de sus consejos:
- Actuar contra la venta ilegal de alcohol a menores.
- Fomentar iniciativas de ocio alternativo durante el tiempo libre.
- Impedir que la industria del alcohol dirija las campañas de publicidad a la infancia y adolescencia.
- Promover la detección precoz.
- Dirigir programas de sensibilización a la población infantil y juvenil, padres, profesores y monitores.
- Potenciar la participación durante la elaboración e implantación de programas de prevención de los representantes de todos los sectores implicados y, en especial, de la población adolescente.
Los jóvenes y el consumo de alcohol
Plan de acción a nivel estatal. Las principales propuestas tanto de la OMS como de la UE han sido recogidas en el nuevo plan del gobierno central:
- crear una nueva asignatura escolar de prevención de drogodependencias,
- limitar las actividades publicitarias de las compañías de bebidas alcohólicas y
- establecer restricciones sobre la distribución y venta de bebidas alcohólicas a menores.
Sin embargo, la nueva propuesta de ley se complementa con una serie de medidas legales que repercuten directamente sobre la población juvenil,
elevando la edad permitida para la compra de alcohol a 18 años y regulando el consumo de alcohol en
lugares públicos.
Estas medidas de control han suscitado
gran polémica. Sus detractores advierten de la existencia de un riesgo de daños colaterales, ya que estas intervenciones podrían provocar la aparición de un mercado ilegal en el que los que hayan alcanzado la mayoría de edad revendan alcohol a consumidores más jóvenes y donde, en el peor de los casos, empezaría a circular alcohol adulterado. Al prohibir el consumo en vías públicas, pero seguir permitiéndolo en terrazas de verano y durante las fiestas patronales, se transmite el mensaje de que el problema no radica en el propio consumo excesivo de alcohol sino en el lugar donde se vende y consume. A ello se añade el hecho de que se transmite una imagen negativa de la juventud, y, en vez de fomentar su participación en la toma de decisiones que les afectan, se les culpabiliza.
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