|
||||||||||||||||||||||||
El Plan Nacional sobre Drogas resta importancia a las consecuencias del uso del cannabis y de las drogas de síntesis en España
España
es, según los datos aportados esta misma semana por el Observatorio
Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT), uno de los países
de Europa con mayor consumo de cannabis y de éxtasis por parte
de los jóvenes de 15 a 34 años. Sin embargo, a pesar de
cierto incremento en el número de demandas de tratamiento por el
consumo de cannabis, las consecuencias negativas de esos consumos o no
existen o no han sido todavía detectadas: para los responsables
de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas
-el organismo público que coordina las actuaciones del Gobierno
central en materia de drogas y drogodependencias- el impacto sociosanitario
del cannabis es todavía ‘bastante limitado’ y, pese
a que su uso está relativamente extendido, no se han detectado
hasta ahora problemas sociales o de salud derivados del uso de éxtasis
y anfetaminas. Por el contrario, los responsables del PND temen que las
graves consecuencias sociales y sanitarias derivadas del incremento en
el uso de cocaína experimentado en los últimos cuatro años
-España es el país de la UE que registra mayores tasas de
consumo de esta sustancia- vayan a crecer en el futuro.
Al tiempo que daba a conocer su Informe sobre ‘El problema de la drogodependencia en la Unión Europea y en Noruega’, el Observatorio Europeo de las Drogodependencias (OEDT) difundía en su página web los informes nacionales, elaborados por cada uno de los Gobiernos europeos, en el que basaba su propio estudio. El informe español describe la prevalencia y las pautas de uso de las diferentes drogas, así como las consecuencias sociales y sanitarias que provocan y la respuesta que desde las instituciones locales, autonómicas y estatales se le está dando. La mayor parte de los datos del informe se refieren a 2001 y las afirmaciones que contiene se basan en estudios e investigaciones realizadas por científicos españoles. Repercusiones limitadas Al describir las tendencias que el consumo de cannabis ha experimentado en los últimos años, el informe señala que, a pesar de su amplio uso, el cannabis sigue provocando limitadas -aunque crecientes- repercusiones en materia de salud pública. Crece de año en año el número de personas que solicitan tratamiento debido al consumo de esta sustancia (en 2001 suponían el 7,4% de todas las demandas de tratamiento por drogodependencias, frente al 6,1% de 2000), si bien en casi todos los casos se trata de personas policonsumidoras usuarias también de otro tipo de sustancias, por lo que no siempre es fácil saber si es una de ellas, o la combinación de todas, la que causa los problemas que les llevan a tratamiento. También crece notablemente el porcentaje de emergencias hospitalarias en las que se detecta presencia de cannabis -7,48% en 1996 y 9,2% en 2001), si bien es difícil determinar hasta qué punto el cannabis es el causante de la urgencia médica dadas las pautas de policonsumo de los atendidos. En cualquier caso, para ser una sustancia con repercusiones limitadas en materia de salud pública, sorprende su preponderancia en materia penal y judicial: en 2001 fueron detenidas en España más de 8.000 personas acusadas de traficar con esta sustancia, casi la mitad (el 48%) de todos los detenidos por tráfico de drogas en el país. En lo que se refiere a las drogas sintéticas -anfetaminas, éxtasis y LSD- el informe señala que su uso entre los jóvenes españoles se está incrementando tras un periodo de estabilización o reducción. Los responsables del Plan Nacional sobre Drogas explican que, si bien los efectos desagradables son relativamente frecuentes tras el uso de éxtasis o anfetaminas, estos desaparecen rápidamente y pocas veces requieren atención médica o provocan complicaciones serias. “En España -señala el texto- el impacto de estas drogas sobre la salud pública es leve, sobre todo si se compara con el tabaco, el alcohol, la heroína o la cocaína”. Los datos confirman las afirmaciones del PND: en 2001 se mencionó el consumo de éxtasis o anfetaminas en menos del 10% de las urgencias hospitalarias provocadas por las drogas y generalmente junto a otras sustancias como el alcohol o la cocaína. Más aún, añade el informe, la mayor parte de los pacientes mejoran tras una breve estancia en la unidad de emergencia y un tratamiento menor. Sólo un 1,2% de las demandas de tratamiento por drogodependencias tienen su origen en el consumo de estas sustancias y, pese a que existe cierta polémica al respecto, parece que la influencia de este tipo de drogas en los accidentes de tráfico es muy limitado: un estudio realizado por el Instituto Toxicológico Nacional, tras analizar más de 1.363 muertes por accidente, estimaba que sólo se encontraron anfetaminas en el 0,4% de los fallecidos y éxtasis en el 0,9%, generalmente junto a otras sustancias. El escaso conocimiento de las consecuencias a largo plazo de las drogas sintéticas, alerta sin embargo el informe, es causa de preocupación por parte de los especialistas. Con todo, se señala, el uso de éxtasis y anfetaminas, al menos hasta ahora, no ha desencadenado los problemas que se anunciaron a principios de los años 90. Los responsables del PND observan con mucha mayor preocupación en cambio el consumo de cocaína entre la población española. Entre 1996 y 2001 la proporción de demandas de tratamiento provocadas por esta sustancia ha pasado del 5,6% de todas las demandas al 19%, mientras que las urgencias hospitalarias achacables a esta droga pasaban del 27% al 44%. En la misma medida, los fallecimientos por reacción adversa al consumo de drogas en los que se detectó la presencia de cocaína pasaron entre 1996 y 2001 del 26,6% al 54,1%. Medidas de reducción de daños Por otra parte, el informe del PND dedica uno de sus capítulos a describir y cuantificar las estrategias de reducción de daños puestas en práctica desde diversas entidades públicas y privadas a nivel local, autonómico y estatal. Las medidas de reducción de daños incluyen, entre otros, los programas de intercambio de jeringuillas, de mantenimiento con metadona o de prescripción de heroína, así como las salas de consumo higiénico o las actividades de formación orientadas a que los consumidores asuman menos riesgos en sus pautas de consumo. Este tipo de estrategias no se plantean, al menos a corto plazo, el abandono del consumo por parte de sus usuarios, sino la modificación de las circunstancias que rodean el uso de drogas para que éste cause el menor daños físico, psíquico y social posible. Las políticas de reducción de daños han sido severamente criticadas por los sectores más conservadores en el campo de las drogodependencias -particularmente el Gobierno de Estados Unidos y el aparato de control de drogas creado en el seno de las Naciones Unidas- al entender que algunas de sus estrategias, como las salas de venopunción, pueden incluso facilitar el uso indebido de sustancias, son contrarios a los tratados de fiscalización internacional de drogas e interfieren con las obligaciones de las autoridades encargadas de reprimir el tráfico Tras
recordar que las medidas de reducción de daños forman parte
de la Estrategia Nacional sobre Drogas 2000-2008, el informe explica que
durante 2001 los servicios móviles de atención a drogodependientes
-servicios prestados generalmente desde furgonetas y autobuses que recorren
las zonas en las que se concentran los consumidores de heroína-
atendieron a 7.000 usuarios, mientras desde los centros de emergencia
social se atendía a 8.000 y desde las farmacias a otros 4.000.
En total, desde estos dispositivos se han repartido más de tres
millones de jeringuillas a cerca de 12.000 drogodependientes. El informe
menciona también las medidas de testado de pastillas puestas en
marcha en Cataluña y en Euskadi, y la apertura de dos salas de
consumo higiénico de drogas en Madrid y en Barcelona. Respecto
a la primera, el Dispositivo Asistencial de Venopunción (DAVE)
de la Comunidad de Madrid, el informe explica que se atendió a
5.000 personas, que realizaron más de 80.000 inyecciones. En el
DAVE de Madrid se han recogido además 831.000 jeringuillas hasta
junio de 2002, repartiéndose a su vez casi un millón. Por
su parte, la sala de consumo de Barcelona -llamada Espacio de Venopunción
Asistida (EVA)- atendió entre septiembre de 2001 y junio de 2002
a 8.400 personas, lo que supone una media diaria de 28 usuarios.
|
||||||||||||||||||||||||